Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina, 1957). Licenciado en Bioquímica. Periodista y escritor. Sus artículos y notas se han dado a conocer en Buenos Aires, New York y Jerusalem; y en medios online nacionales y extranjeros. Es autor de cuatro libros: Diccionario Biográfico Bahiense, el ensayo Metafísica y Holocausto, y las novelas El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés y Los destinos sagrados. Escribió el guion del documental Matthias Sindelar: un gol por la vida. Ha dictado conferencias sobre Spinoza, Maimónides y literatura judía argentina actual, en diferentes instituciones del país. Actualmente, ha concluido la novela La casa de Caín y se encuentra en redacción El lector de Spinoza.

_________________________________________________________________________________

Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina,) who has a degree in biochemistry. He is a journalist and writer. His articles and notes have been published in Buenos Aires, New York and Jerusalem, in Argentine and international online media. Freinkel is the author of four books: Diccionario Biográfico Bahiense, Metafísica y Holocausto, and the novel El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés and Los destinos sagrados. He wrote the script for Matthias Sindelar: un gol por la vida. He has lectured on Spinoza, Maimonides and on contemporary Argentine-Jewish literature throughout Argentina. Recently, Freinkel completed La casa de Caín and his El lector de Spinoza is in press.

_____________________________________________

MAIMÓNIDES: EL PROFETA COMO LIDER DEL ESTADO

Por Pablo Freinkel

En el pensamiento de Maimónides (Moisés ben Maimón, 1135-1204), el nacimiento de {la organización estatal} se debe exclusivamente a la voluntad de Dios. En su monumental Guía de perplejos (9) (GP), el sabio andaluz distingue cinco facultades en el alma; la quinta es la intelectual o racional, que es propia del hombre y le permite vivir y convivir con sus semejantes. Fuera de la sociedad, es inconcebible la existencia del individuo; el hombre perece. La vida social le proporciona inclusive su bienestar físico (GP. 3,27). Todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con sus semejantes. Si una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. El objetivo final del hombre es obtener las más altas facultades intelectivas y las nociones que lo llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios, que es haber alcanzado su perfección; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre sabio, esto es, el varón de buenos principios morales (GP. 3, 54). De esta manera, la ética de Maimónides se apoya en el elemento social, que da lugar a la política, es decir, al gobierno. Aquí, el autor de Mishné Torá, sigue a Aristóteles que en su tratado sobre la Política asegura que los hombres son por su naturaleza unos más aptos para mandar que otros y coloca en la cima de esa clasificación a los sabios (entre ellos, los filósofos) (10). Moshé ben Maimón entiende que ese sitial le corresponde al profeta. El modelo a seguir es Moisés por sus cualidades superlativas al dirigir el éxodo de los israelitas de Egipto, por quien el ensayista manifiesta su admiración. (GP. 2, 33, 35 y 39) ¿Cuál es el razonamiento que realiza? El hombre llega a su perfección cuando ha alcanzado el conocimiento de Dios y sus obras por vía de indagación intelectual; una vez llegado a este nivel, empieza a consagrarse a Él, robusteciendo la Inteligencia que es lo que nos une al Ser Supremo. Se trata de la síntesis entre razón y fe, filosofía y Torá, así puede comunicarse directamente con Dios y alcanzar la categoría de iluminado. A pesar de tener la capacidad de profetizar, una persona no adviene realmente profeta ya que hay que contar con la voluntad de Dios (GP. 3, 51). Además de las facultades morales y racionales, el espíritu profético debe darse en un hombre sabio, fuerte para dominar sus instintos y rico en conocimiento (GP. 2, 32; Carta a los judíos del Yemen, 46) (11). Estas son las características con que debería contar quien gobierne la sociedad. Cabe entonces preguntarse por qué no es suficiente con la fe en el Ser Supremo para conseguir las dotes de la profecía. Maimónides propone conocer los principios filosóficos para refutarlos con presteza cuando entren en colisión con los principios religiosos. Por ejemplo, en la Introducción del Libro Dos de la Guía de Perplejos anota puntillosamente las veintiséis proposiciones del griego con las cuales está de acuerdo, excepto la que habla de la eternidad del Universo. En páginas sucesivas, explica la manera en que adopta la doctrina aristotélica y sus coincidencias con la Escritura (GP. 2, 3 y 5). Por otra parte, entre los capítulos trece y treinta de la misma parte discute las diferentes teorías acerca del principio del Universo, teniendo a Aristóteles como eje central de su crítica (12). En consecuencia, resulta evidente que la concepción ética de Maimónides y, por consiguiente, el sistema político que de ella deriva está delimitado por un fuerte idealismo que lo hace atractivo aunque potencialmente de difícil sino de imposible cumplimiento, porque exige un componente religioso y metafísico que no todos los integrantes de la comunidad a la que va dirigido están dispuestos a aceptar. Algunos renglones más arriba, expresé que el autor de los Aforismos médicos tiene una relación amplia y dinámica con Aristóteles no sólo en lo que se refiere a sus reflexiones metafísicas, sino que también se sostiene en su elección de personas con atributos morales, intelectuales y capacidades de mando extraordinarias destinadas a ejercer el gobierno de una colectividad de hombres y mujeres con intereses, conductas y costumbres heterogéneos. Sin embargo, al elegir a Moisés como el modelo de líder, acota su actuación al tiempo –ciertamente prolongado- en que los israelitas erraron por el desierto, tarea que por supuesto le demandó un esfuerzo titánico.

———————————————————————————-

MAIMONIDES: THE PROPHET AS LEADER OF THE THE STATE

By Pablo Freinkel

For Maimónides (Moses ben Maimon, 1135-1204), the birth of a political organization is exclusively dependent on the will of God. In his monumental Guide of the Perplexed, the Andalusian wise man distinguishes five faculties in the soul: the fifth being the intellectual or rational faculty, that belongs to man and permits him to live with and get along with others. Outside of society, the existence of the individual is inconceivable; man would perish. Social life provides even physical well-being (GP, 3:27.)

All moral principles concern man’s relationship with and treatment of others. If a person were alone, without having to deal with any other, moral principles would be unnecessary and would not add any improvement. Man’s most important objective is to obtain the highest intellectual development and the concepts that allow him to have metaphysical ideas about God, that is, to have reached perfection; this brings him immortality. For having done this, he is called a wise man, that is, a man of high moral principles. (GP, 3:54.) In this fashion, Maimonides’ ethics is based on the concept that the social element that leads to the political, that is, the government. Here, the author of the Mishne Torah, follows Aristotle, who in his treatise Politics argues that some men are by nature more capable than others for leadership; he puts wise men, among them, philosophers at the top of this classification (10.) For Moses ben Maimon, this role is that of the prophet. The model to be followed is Moses, for his superlative qualities in leading the exodus of the Israelites from Egypt. (GP. 2, 33, 35 y 39) What is his reasoning?  Man reaches perfection when he has gained knowledge of God and his works by intellectual inquiry. Once having achieved this level, he begins to consecrate himself to God, strengthening the intelligence factor that unites him to the Eternal Being. It is a synthesis between reason, faith, philosophy and Torah, so that man can communicate directly with God and reach the level of being enlightened.  Despite having the ability to do prophesy, a person doesn’t really become a prophet on his own, since that depends on God’s will (GP. 3, 51).

In addition to the moral and rational faculties, the prophetic spirit, the prophetic spirit must be found in a wise man, who is strong enough to control his instincts and rich in knowledge (GP, 2:32, Letter to the Jews of Yemen, 46).

These are the characteristic that one who governs a society must have. Why then, it is not sufficient to have faith in the Supreme Being to obtain the gifts of prophesy? Maimonides insists that it is necessary to know philosophical principles in order to be able to refute them with alacrity, when they collide with religious principles. For example, in the Introduction to The Guide for the Perplexed, he carefully outlines the twenty-six propositions set out by Aristotle, with the exception of the one that speaks of the eternity of the Universe. He then explains the way in which he adopts Aristotelian doctrine and its coincidences with the Holy Scripture. (GP. 2, 3 y 5).

Elsewhere in that text, Maimonides discusses the different theories about the origin of the Universe, placing Aristotle in the center of his critique. Consequently, it the political system derived from this analysis is delimited by a fierce idealism that makes it attractive, though potentially difficult if not impossible to achieve, because he demands a religious and metaphysical component that not all of the members of the community to which it is directed are willing to accept.

Maimonides, the author of the Medical Aphorisms, has a broad and dynamic relationship with Aristotle’s work, not only in that which has to do with his metaphysical reflections, but also that it upholds the Greek’s contention that people with extraordinary moral and intellectual attributes and the capacity to lead are destined to govern a community of men and women with heterogeneous interests, conduct and customs. Nevertheless, by choosing Moses as his model leader, he narrows down its occurrence to the time—clearly quite prolonged—in which the Israelites wandered in the desert, a task that demanded from him a titanic effort.

Translation by Steve Sadow

Two Jewish Women Conversing/Dos judías charlando

clip_image001.jpg

 

 

Eric Lönrot, the unfortunate detective in “Death and the Compass” by Jorge Luis Borges, states that to solve the murder of a rabbi, he would prefer an explanation that was purely rabbinical, in other words “in Jewish affairs you must use Jewish interpretational techniques.”

Following that reasoning, we can see by their “sheitls” (wigs) that cover all their hair and the clothing that hides their bodies, that these married Jewish women maintain a high level of tzinut (modesty.) The woman, seated in an armchair, is well-established and prosperous. She is wearing a beautiful linen dress. The other woman, in continual motion, is seeking her place in the world. She is dressed in everyday clothes.

The entire scene is quite Kabbalistic and spiritual. It contains many female qualities. These Jewish women are symbols of the

“Shekinah,” the feminine aspect of God. The chairs, like floating stars, are waiting for honored guests like the prophet Elijah, who visits Jewish homes during Passover Seders. They are grouped in threes. In Jewish numerology, 3 symbolizes harmony and connection. There are 9 chairs; 9 signifies generosity. It is even possible that that the armchair replicates the vision of the throne of Prophet Ezequiel (Ezequiel1:4-26.) That is, the burning chariot that ascends toward heaven and whose light demonstrates the “tov,the Good.

___________________________________________________

Eric Lönnrot, el detective desgraciado en “La muerte y la brújula” de Jorge Luis Borges, dijo que para resolverle asesinato de un rabino “preferiría una explicación puramente rabínica”, en otras palabras, “en asuntos judíos, hay que usar técnicas judías de interpretación”.

Por lo tanto, por los sheitls (pelucas) que cubren todo el pelo y la ropa que oculta el cuerpo, se sabe que estas mujeres judías casadas mantienen un alto nivel de tzinut (modestia). La mujer sentada es la más instalada y próspera, se encuentra cómoda en el sillón. Lleva un traje bello de material fino. La otra mujer está en continuo movimiento, busca su lugar en el mundo. Se viste con ropa común y corriente.

Toda la escena es muy cabalística y espiritual. Está llena de cualidades femeninas. Las mujeres judías simbolizan

La Shejiná, el aspecto femenino de Dios. Las sillas, cual estrellas, están listas para huéspedes honrados como el profeta Elías. Ellas están agrupadas de a tres. En la numerología judía, el 3 simboliza armonía y conexión. Hay 9 sillas. El 9 significa la generosidad. Aún es posible que el sillón replique la visión del Profeta Ezequiel (Ezequiel1:4-26), el carro ardiente que asciende al cielo y cuya luz demuestra lo tov, lo que está bien.

____________________________________

In exhibitions held in Havana, Buenos Aires and New York, the Argentine artist Nora Seilicovich and I combined her artworks with my comments, that is, what the paintings inspired to write. Both of us were expanding our imaginations to the limit. Nora Seilicovich’s work will appear repeatedly in this blog.

“Nosotros, la generación del desierto”, un poema por Ricardo Feierstein/We, the Generation of the Wilderness,” a poem by Ricardo Feierstein

Ricardo Feierstein—poeta, novelisat, ensayista y arquitecto—nació en Buenos Aires 1942. Reconocido como “uno de los escritores judío-argentinos más importantes”, él ha publicado tres poemarios, La balada del sol (1969,) Inventadiario (1972,), and Letras en equilibrio (1975) y una antología bilingüe Las edades/The Ages (2004). Fue otorgado un Premio Municipal en Literatura por su triologíía de novelas Sinfonía inocente (1984). Por muchos años, Feierstein ha sido una fueza importante en la escena literaria argentina. Sus treinta libros publicados incluyen las narraciones Mestizo (1994), Homicidios tímidos (1996), La logia del umbral (2001), Consorcio Utopía (2007), Cuaderno de un psicoanalista (2010), Las novias perdidas (2011) y El caso del concurso literario (2013). Se tradujeron sus obras al ingles, francés. italiano, alemán y hebreo. Feierstein es redactor de Acervo Cultural Editores.

Ricardo Feierstein—poet, novelist, essayist and architect—was born in Buenos Aires in 1942. Hailed as “one of the most important Argentine Jewish writers,” he has published three books of poetry, La balada del sol (1969,) Inventadiario (1972,), and Letras en equilibrio (1975) and a bilingual anthology Las edades/The Ages (2004). He was awarded a Municipal Prize in Literature for his trilogy of novels, Sinfonía inocente (1984). He has long been a major force in Argentina’s literary scene. His thirty published works include the narratives Mestizo (1994) Homicidios tímidos (1996,) La logia del umbral (2001,) Consorcio Utopía (2007,) Cuaderno de un psicoanalista (2010,)  Las novias perdidas (2011) and El caso del concurso literario (2013.) His works have been translated into English, French, Italian, German and Hebrew. Feierstein is the editor-in-chief of Acervo Cultural Editores.

_____________________________________

En mi opinión, este poema, “Nosotros, la generación en el desierto: es uno de los más profundos  y más poderosos de la literatura judío-latinoamericana. Es largo, pero debe leerse en su totalidad.

In my opinion, this poem, “We, the Generation in the Wilderness” is one of the the most profound and powerful of all Latin American Jewish Literature. It is a long poem, that should be read in its totality.

Steve Sadow

_______________________________________

NOSOTROS, LA GENERACIÓN DEL DESIERTO

I

Nosotros somos

los que nacimos en la mitad de la colmena

bajo el viento áspero del desierto

entre la generosidad y el olvido

y llegamos en un momento en que nadie

nos necesitaba.

Somos los hijos de la guerra mundial

las toses de Hiroshima, el Holocausto

y la revolución

y andamos por el mundo a los empujones

grandes y alados como ángeles borrachos

buscando a ciegas una agrietada fumarola

prometida entre espuma y nigromantes

y ya inexistente

sin comprender la tormenta de mástiles que se avecina.

No somos la historia ni el futuro.

II

Aquellos de nosotros que nacimos judíos

fuimos estafeta del orgullo y el prejuicio

bebimos, imantados, la sangre y la resurrección

el olor de los campos

y la historia heroica de los guetos

grávidos de lágrimas, de risas y de llantos

de un país levantado a sol y a coraje

a despecho de burdos tejedores de milenios.

Pero tampoco estuvimos allí.

No gozamos la fresca

y tornasolada magia del idish

ni el populacho dirigiéndose en procesión

para recibir al nuevo rabino

que llegaba montado en un burro

con su botánica caballería de muchachones

ni el humo de las chimeneas, ni el sabor del arenque, la vara

del  jéider

ese judaísmo natural y permanente

que empapaba los sentidos como anilinas silvestres.

III

Y no estuvimos en la fundación de las comunas

en la fiebre de los ojos que compartían

la clandestinidad y la insurgente góndola del sol

(siempre demasiado tarde o demasiado pronto)

ni en el golpeteo de los corazones

cuando el primer pabellón hebreo

vibrante comuna antena de tules

ascendió al tope, entre gritos de entusiasmo

después de una espera de cien generaciones.

No, no estuvimos allí

apenas habíamos nacido.

IV

Llegamos tarde para morir, es cierto

en el volcán de la locura europea

pero demasiado temprano para vivir

esa profesión de guitarras, egoísmos y ternuras

que despeñan el camino hacia el dos mil.

Estamos en el medio

generación del desierto.

No nacimos en la cuadrícula de una patria nueva

porque estábamos aquí cuando fue creada

y qué dulce y lamentable nuestra torpeza

más alta que un caballo encabritado

cuando tratamos de recuperar bruscamente el tiempo

y pagamos un precio desmedido

enhebrando una metralla de preguntas culposas

por nuestro temor de haber perdido algo

un brillo enjaulado en los ojos que deslumbran.

V

Nosotros, esta generación de nómades

somos los hijos de los pioneros

los que quisimos retomar las banderas

del esfuerzo personal, la revolución interior

el mundo ideal al alcance de la mano

las casas sin frontera,  el destino que nos hermanaba

la poesía como flecha de plomo hacia el futuro

sin darnos cuenta que, mientras tanto

el mucílago de la realidad

se erguía como una culebra

escapando bajo la blanda arena

desatornillando nuestras espaldas

dejándonos de a pie, torpes y transparentes

con un doloroso gesto de asombro

en medio del desierto.

VI

Entonces quemamos etapas y peldaños

queremos reiniciar todo a los treinta

ser labradores pese a lo que digan

cuando el tiempo de cosecha ha pasado

reencontrar la boya milimetrada de la fe

sabiendo que el escepticismo es un topo

oscuro, gris y malpensado

que socava con sus dientes de doble filo

los jirones escarolados de nuestras dudas y esperanzas

y cada vez cuesta más

encontrar las palabras para lo que queremos decir

un “te amo” nos resuena ya tan cursi

la bandera y el vermut nos amontonan

y el lenguaje se nos pone de rodillas

temeroso, color de parietales

cascabeles de turquesa avinagrada.

Pero lo que queremos decir es muy complejo

una prosa corsaria y anillada

para la que no alcanzan adjetivos ni vocales.

VII

Algunos nos reuníamos de noche

para discutir el mundo del futuro

y cómo organizarlo, después de todo

y otros apedreábamos colectivos e incendiábamos garitas

oh, nuestra generación valiente y arrojada

haciendo deslizar entre sus dedos

un rosario de primicias mortecinas

y otros soñábamos

revistas literarias frente a tazas de café

la educación y el poder de la palabra

para cambiar el pellejo agusanado del mundo

y leíamos a Pléjanov y descubríamos los ciclos

de Bergman o Rosellini en algún cineclub

y llegábamos, como una revelación o un caramelo

al orientalismo, el yoga, la música de jazz

el psicoanálisis, los tabúes sexuales

las ciencias sociales, las fantasías

las fantasías, eso

el realizarse en la profesión

el no conformarse con ser menos que

premio nobel de literatura

o campeón de box o inefable Casanova

o convertir nuestra vida en una obra de arte.

Todo eso soñamos, todo eso hicimos.

VIII

Y maduramos con la idea del hombre nuevo

que nos fue atrapando como un sonámbulo

allí en la noche con miedo a despertarlo

y miramos hacia el este, esperanzados

nos dijimos, “ya pasará, es cuestión de tiempo”

nos dimos ánimo en las manos y miradas

despreciamos los plumosos suburbios de la duda

nos dijeron que esa masacre sí era la última

que ahora con la atómica y todo eso

y nosotros, faraónicos y pétreos

crecimos con la guerra fría entre los huesos

con el chantaje del terror

y el miedo a amanecer con visión de apocalipsis

con el deseo de vivir hoy y no mañana

porque si un loco aprieta el botón y entonces

un siseo de petardos y vorágines

y la fe se nos metía entre los dientes apretados

y un sarro de palabras

nos embetunaba los tímpanos.

IX

Y de pronto, el mundo

nos cayó encima como una cascada

y nosotros, la generación del desierto

los que no fuimos libres ni esclavos

envejecimos de golpe, más que otros

un fonógrafo nos cribó la fantasía

y dejamos de entender este cerco que nos rodeaba

donde nacía

una violencia de metrónomos sin límites

espumarajos de sangre y profecías

el reino de la irracionalidad

que aparecía allí emboscado.

Y percibimos, con un escalofrío

que ya estaban muertos dentro de nosotros

con indolora lobotomía

todos aquellos bifrontes que no pudimos ser

y como una columna de fichas de dominó

con el cimbrar de un tiro de mosquete

comienzan a derramarse los seres cercanos

porque la muerte, baqueana, ya nos ronda

golpea a uno y otro costado con su tulipa alcanforada

no sin terror, comprendimos que ella existe

que no se trata sólo

de una licencia poética o un tumor de íconos

y nos envía sus signos

en manchas de la piel o dolores imprevistos

y entonces buscamos la fe, pero nos cuesta encontrarla

hemos perdido la seguridad del adolescente

y el camisón matemático con que bordaba la vida

los comodines de este póker giboso y enredado.

A nosotros, piadosos oficiantes del desarraigo

nos cuesta entusiasmarnos

y, recurrente, nos atrapa un cono de melancolía

por todo lo que ya no seremos

los sueños convertidos en pastillas o vellones lilas

las utopías que sólo son ectoplasmas del miedo,

una tisana cósmica que no nos animamos a beber.

Nuestras nostalgias están pobladas de tumbas.

X

Y entonces, en una mezcla de dulce y pegajoso

tropezamos con nuestras cosas de chicos

luminosidades

objetos, volatineros de circo

volvemos a las barras de la esquina, los partidos de fútbol

la primera novia y el “si yo hubiera…”

la placenta de los poemas

bajo el banco de la escuela (madera color de nicotina)

con sus rimas burdas e inocentes

la fiesta de bachilleres desfilando por la avenida

del colegio, con un trompetista al frente

y escudos con pingüinos

y colores en la solapa

y la gente aplaudiendo desde las veredas

y después, los encuentros casuales con esos compañeros

canas y abdómenes

y la promesa de vernos que no se cumplirá nunca

porque ya no hay cabriolas en común

es todo tan ausente.

Y más atrás aún, en ese mundo chocolatado

los almanaques con artistas sonriendo desde el vamos

las cajas enteras de revistas de historietas

y las colecciones

de libros y pelotas de trapo y figuritas

incansables de forma y color y brillantinas

y los Pequeños Grandes Libros y Disney y Salgari

y Verne en ediciones baratas que se vendían en quioscos

y las fotos de actores yanquis pegadas en un álbum

ante la mirada atónita de padres que no comprendían

ese nuevo paganismo de la imagen.

En fin, los fantasmas del pasado

encaramados en las cosas

traicioneros.

XI

Y nosotros fuimos los que usamos barba y cortaplumas

nos casamos jóvenes

y a veces nos divorciamos como una moda

y ahora, nosotros, los mismos

tenemos anteojos y un gusto salino y tormentoso

y el trabajo no nos deja hacer gimnasia

y la madurez nos fue extraviando la inocencia

achaparrando el cuerpo en su inevitable deterioro

y como púas nos marcan  el envejecimiento

las señales emboscadas de la muerte

(ya no el inocente sarampión o la rubia varicela).

Y nos fueron llegando los nudos

de trabajosa sabiduría

esa sencillez que se resume en una frase

y dice que construir una flor

es trabajo de siglos (Blake dixit)

y destruirla cuestión de segundos

por eso es necesario cuidarlas

y también como en un trompeteo, adivinamos

la blanda tozudez de los ancianos

o el amarillo naipe de los sueños.

Esas cosas tontas aprendimos

un espejo alunado

para develar el contrafilo de lo real.

XII

Por todo esto es que nosotros

tan distintos

sólo compartimos la pregunta y los horrores

esa identidad que orillea los coloquios y los tests

que reconoce raíces ambidextras y fecundas

quizá la prefiguración de una nacionalidad cósmica

que anhelamos desde las duras tapas de los libros.

Pero tenemos desgarrado el pensamiento

a qué dudarlo

confluyen en nosotros como licor espeso

la herencia de la sangre y el gusto de la tierra

la Cabalá y los magos, el Talmud y los mitos indígenas

las barbas encendidas del profeta

y el semblante feroz del araucano

y aquí estamos, como alambre y tijera atesorados

y de allá nos dicen

galúticos, dispersos, vergonzantes

y de acá usureros, vendepatrias, desiguales

y el diálogo existe, pese a todo, con nosotros mismos

generación del desierto

destinada a vislumbrar la Tierra Prometida

con una elíptica lupa de inmigrantes

sólo futuro para hijos descercados

y a recordar la esclavitud en Egipto

a la que nunca volveremos, malditos sean.

Y aquí estamos, en el medio, tierra de nadie

arenoso y oblicuo y triste desierto.

XIII

Y lo mismo nos pasó con la poesía

y el color y la música, como teñidos de esmeraldas

somos la generación de la cultura

la que accedió, por fin, al goce de la imprenta

al surco de los discos

a tecnicolores pinacotecas

y pensamos que allí estaba todo, que sólo era

cuestión de difundirlo

de educar y convencer  a los extraños

que suelten por un momento el arado y el fusil

y vuelvan la cabeza

para escuchar y ver la buena nueva

era todo tan simple, una magia encaracolada

un entramado de ladrillos recoletos

construido con amor y otras maneras

y así

nos fuimos olvidando de la tierra

de la vida natural, el sol y los tomates

de revolcarnos con un gesto húmedo de lluvias

de llenar nuestros ojos con el ronquido del mar

con ciervo y nube y lunares apretados

y aquí estamos

enfermos y amarillos y llenos de nostalgia

gruesos anteojos y lisura entre las manos

incapaces para descubrir un monte o trepar a un árbol

intoxicados de ciudad y cigarrillos

mientras la historia, burlona

flamea orgullosa a nuestro lado

su copete de cromos destejidos.

XIV

Pero, con todo eso, los de nuestra generación

y escúchese bien,

somos también los del gesto heroico y la protesta

los del amor en ciernes y la paloma ardiente.

Y después de este lavaje y purificación

queremos elegir el árbol de la vida

y plantarlo

para los que vienen dentro de cien años

sacudirnos los mundos chiquitos

repletos de algodón y mermelada

y asumir con orgullo y dolor nuestra piel

entre la generosidad y el olvido

yo, tú, él

la generación del desierto.

____________________________________________________________________

WE, THE GENERATION IN THE WILDERNESS

We are

those who were born in the middle of the beehive

under the bitter desert wind

between generosity and oblivion

and we arrived at a moment when nobody

needed us.

We are the offspring of world war

catarrh if Hiroshima, the Holocaust

and revolution

and we lurch across the world

large and winged like drunken angels

groping for a chapped fumarole

as foretold among foam and sorcerers

and no longer there

ignorant of the coming storm in the rigging.

We are neither history nor future.

II

Those of us who were born Jews

were heralds of self-esteem and partiality

magnetized, we imbibed blood and resurrection

the stench of the camps

and the heroic history of the ghettoes

heavy with weeping, laughter and lamentation

of a homeland raised into the sun and courage

despite the crude weavers of millennia.

And we weren’t there.

We did not rejoice in the fresh

and iridescent enchantment of Yiddish

and people forming into a procession

to greet the new rabbi

who came riding on a donkey

with his floral cavalry of overgrown boys

the chimney smoke, the taste of herring, the rattan

of cheder

that earthy and enduring Judaism

like a sylvan aniline imbruing the senses.

III

And we weren’t in at the founding of communes

in the fever of eyes sharing

secrecy and the uprising gondola of the sun

(always too late or too soon)

nor at the pounding of hearts

as the first Hebrew flag

thrilling like a gossamer antenna

climbed the pole to enthusiastic shouts

after a hundred generations of expectation.

No, we missed that

we were no more than born.

IV

Of course, we arrived too late to die

in the volcano of European insanity

but too early to live

through the profession of guitars, ego and tenderness

hurtling down the road to the year two thousand.

We are in the middle

the generation in the wilderness.

We weren’t born within the perimeter of a new homeland

we were here when it was made

and how sweet and how pitiful our dawdling

higher than a horse rearing

when we tried suddenly to make up for lost time

at too great a price

beading a fusillade of impudent questions

in our fear of having lost something

a confined glimmer in shining eyes.

V

We, this generation of nomads

are the children of pioneers

who wanted to recover the banners

of personal strength, the inner revolution

utopia in our grasp

undefined houses, destiny binding us in brotherhood

poetry like a leaden arrow into the future

while we didn’t notice

the ooze of reality

rising like a viper

slipping away under the smooth sand

unhinging our shoulders

leaving us on foot, clumsy and transparent

with a painful gesture of surprise

in the middle of the wilderness.

VI

Well, we burned our bridges and ladders

we want to start over at thirty

be hirelings whatever they say

after the harvest is done with

find again the calibrated buoy of faith

knowing that skepticism is a mole

dark, gray and malign

undermining with its double-edged teeth

the lacy rags of our uncertainties and hopes

and each time it grows harder

to find the words for what we mean to say

an “I love you” too superficial for us now

the flag and vermouth overwhelm us

and the language drives us to our knees

fearful, colored parietal

small bells of sour turquoise

but what we mean to say is complicated

a piratical and annular prose

where adjectives and vowels don’t work.

VII

Some of us used to meet at night

to talk over the world of the future

and how to organize it in spite of everything

and we stoned buses, torched police cars

oh, our brave and foolhardy generation

letting a rosary of late early fruit

slide through its fingers.

And others over cups of coffee

dreamed up literary magazines

education and the power of the word

to transform the world’s wormy skin

and we read Plekhanov and discussed the reels

of Bergman and Rosselini in a film club

and we arrived, as if at an epiphany or a caramel,

of Orientalist studies, yoga, jazz

psychoanalysis, forbidden sex

the social sciences, fantasies

fantasies that was it

fulfillment through our professions

dissatisfied with anything less

than the Nobel Prize in Literature

heavyweight champion of mystic Casanova

or making our life into a work of art.

All this, we dreamed.  All this, we did.

VIII

And we grew up with the idea of the New Man

taking hold of us like a sleepwalker

out there in the night, afraid to wake him

and we peered into the east, hoping

we said, “it will pass, in time”

we encouraged one another with our hands and eyes

we despised the downy suburbs of doubt

we were told that this slaughter, yes, was the last one

and now with the atomic and all that

and we, pharaonic  and stony

grew up with the cold war in our bones

with the blackmail of terror

and awoke at dawn to visions of Apocalypse

with the desire to love today and not tomorrow

because what if a madman pushes the button and then

a hissing of bombs and maelstroms

and that belief held us in its clenched teeth

and a scab of words

blackens our eardrums.

IX

And soon the world

fell on our heads like a waterfall

and we, the generation of the wilderness

who were neither free nor slaves

grew old in one blow, older than others

a phonograph sorted out our fantasy

and we stopped comprehending the wall around us

where was born

a violence of infinite metronomes

afroth with blood and prophecy

the kingdom of unreason

appearing in ambush.

And we understood with a shiver

how by a painless lobotomy

all those split personalities we couldn’t heal

were already dead inside us

and like a pile of dominos

at the shock-wave of a musket shot

knocking over beings close by

because death, pathfinder, already surrounds us

strikes one and another with her mothballed gillyflower

not without terror, we understood she exists

and deals not only

in poetic license or a tumor of icons

but sends us her signals

in blotches on the skin or unexpected pain

but then we seek faith, but find it hard to come by

having lost the assurance of an adolescent

and the mathematical robe that life embroidered

with the wildcards of this expanding, tangled poker game.

For us, pious officiates of deracination

it is hard to get excited

again and again, caught under a cone of melancholy

because of all we can no longer become

dreams in stead of pills or lavender sheepskins

utopias only the ectoplasm of fear,

a cosmic tea we don’t dare drink.

Our homesickness is peopled with graves.

X

And then, sweet and sticky mixed,

At every turn we trip over toys of our childhood

luminosities

objects, high wire walkers from the circus

we turn back to the corner gangs, football games

first girl friends and “if I’d only…”

the placenta of the poems

under school desks (nicotine-colored wood)

with their crude and innocent verses

the parade of graduates down the high-school

avenue, a trumpeter out front

and badges with penguins

and bright colors on lapels

and people applauding from the sidewalk

and afterwards, casual encounters with those classmates

gray hair and bellies

and the promises to keep in touch never kept

because there are no longer any stunts in common

everything is so absent.

And yet further back, in that chocolate-covered world

almanacs replete from the start with smiling artistes

whole cartons of illustrated magazines

and collections of books and balls fabricated from rags and football cards

inexhaustible in form and color and hair-oils

and the Little Golden Books and Disney and Salgari

and Jules Verne in cheap editions sold in drugstores

and  photos of Hollywood actors pasted into an album

under the astonished eyes of parents who didn’t comprehend

that new paganism of the image.

At last, the ghosts of the past

exalted in treacherous things.

XI

And we were those with beards and pocketknives

we married young

and at times were divorced à la mode

and now we, just the same

wear eyeglasses and a salty wretched taste

and work doesn’t allow us exercise

and maturity decoyed our innocence

stunting the body in its inevitable decadence

and growing old scars us like barbs

the ambushed signs of death

(no longer the innocent measles or chicken pox.)

And coming our way were knots

of laborious wisdom

simplicity expressed in a phrase

saying that to create a flower

is the labor of ages (Blake dixit)

and to destroy it a matter of seconds

therefore we must protect them

and again, as in a flourish of trumpets we conjecture

the soft obstinacy of the ancients

or the yellow card of dreams.

We learned these stupid things

a crazy mirror

to unveil the trailing edge of the Genuine.

XII

Given all this, it’s that we

so different

alone share in the question and the horrors

the identity that shuttles aside colloquies and tests

that recognizes ambidextrous and fertile roots

perhaps the harbinger of a cosmic nationalism

found between stiff covers of books fed our desire.

But we have our thoughts torn apart

no doubt about it

coming together in us like a heavy liquor

are the blood’s legacy and taste of the land

the Cabala and shamans, Talmud and native myths

the flaming beard of the prophet

and the fierce countenance of the Indian

and here we are, like hoarded wire and half a scissors

and from over there they call us

the Diaspora, scattered, shameful

and from this side moneylenders, traitors, second rate

while our real dialogueue, in spite of everything, is with ourselves

generation of the wilderness

fated to glimpse the Promised Land

through an elliptical lens of immigrants

only in the future for unwalled children

and to recall the bondage in Egypt

we’ll never return to, may they rot in Hell.

And here we are, in the middle, no man’s land

sandy, angular, unhappy wilderness.

XIII

And the same thing happened to our poetry

painting and music, as if dyed with emeralds

we are the generation of culture

that gave in at last to the enjoyment of print

to the high-fi groove

to the Technicolor picture galleries

and we thought we’d find everything there, it was only

a question of spreading it around

teaching and moving the excluded

for them to let go for a moment their ploughs and rifles

and turn their heads

to hear and see the good news

it was all so simple, a seashell magic

an archway of timid bricks

made out of love

and other things

and so

slowly we neglected the land

of natural things, the sun and tomatoes

beating us down with a rain-dampened gesture

filling our eyes with the roar of the sea

with buck and cloud and pinched blemishes

and here we are

ill and jaundiced and altogether homesick

thick eyeglasses and smooth palms

incapable of discovering a mountain or climbing a tree

drunk with city and cigarettes

while that joker history

proudly lights up at our side

its topknots of uneven chrome.

XIV

But, with all this, our generation

now listen carefully

we are also those of the heroic deed and protest

of love in blossom and the flaming dove.

And after this cleaning and purification

we long to choose the tree of life

and plant it

for those who follow in a hundred years

to shake down in our name the tiny worlds

replete with cotton and marmalade

and to wear in pride and pain our skin

between generosity and oblivion

I, you, he

the generation in the wilderness.

 

Translation by J. Kates and Stephen A. Sadow

 

 

 

 

“Borges y yo”, un mini-cuento por Steve Sadow

For the English version of this story, please see the November 24, 2017 post.

BORGES Y YO

Convencidos de caducidad

por tantas nobles certidumbres del polvo,

nos demoramos y bajamos la voz

entre las lentas filas de los panteones,

cuya retórica de sombra y de mármol

promete o prefigura la deseable dignidad

de haber muerto.

Jorge Luis Borges, “La Recoleta”

Una de esas tardes tibias del invierno bonarense, entré por el portal del mausoleo laberíntico La Recoleta donde quedan los restos de los próceres de la República Argentina—Sarmiento, Mitre, Avellaneda y aún Rosas. Más tarde estaría Evita, pero Juan Domingo Perón, no. También estaban enterrados allí notables de vida literaria y deportista del país.  No conocí el lugar, pero sí el poema de Borges sobre el cementerio, uno de sus más conocidos.

Entré y de repente me fijé  en Borges quien estaba de pie, no más de unos diez metros desde donde yo me paré. Nadie menos que Borges, acompañado por su traductor Norman Thomas DiGiovanni. Vi sus espaldas. Borges llevaba un traje gris; DiGiovanni un púlover. No hablaban ni se movían. Reflexionando, meditando tal vez. Inmóviles.

Sentía un fuerte deseo de interrumpirlos. No obstante, por respeto o por timidez o los dos, no hice nada. Por un instante, me captó el destello de un sepelio elegante de al lado. Cuando dirigí mi vista adonde los dos pausaban, nadie estuvo.

Borges se me había desaparecido.

download-1.jpg

THE RECLINING WOMAN/LA MUJER RECOSTADA

 

Painting by Nora Seilicovich—Commentary by Steve Sadow

THE RECLINING WOMAN

The recliner in which she sits, the calf-length green dress that covers her and even the ambiguous expression and black hair indicate that this woman is a great student and lover of art. In her own way, she replicates artistic tradition called “Reclining Woman” that begins with The Clothed Maja (1797) in the Romantic style of the Spain’s Franciso Goya; the The Spanish Ballet (1862) the early impressionism of France’s Édouard Manet; Portrait of a Reclining Young Woman(1901) a drawing by the Austrian Gustav Klimt; Reclining Woman(1910) the beautiful pre-Raphaelite work by the England’s John Maier Collier; Reclining Woman(1922) by the France’s Fernand Léger; The Reclining Woman (1960) a woodcut by the American Millicent Krouse; and The Reclining Woman Reading (1960) a surrealist painting by the Spanish-French Pablo Picasso.

____________________________________________________

La pintura por Nora Seilicovich—El comentario por Steve Sadow

LA MUJER RECOSTADA

El sillón en la cual se sienta, el vestido verde que la cubre hasta las pantorrillas y hasta la expresión ambigua y el pelo negro indican que esta mujer es una gran estudiante y aficionada del arte. En su propia manera, ella representa la tradición artística llamada “la mujer recostada” que empieza con La maja vestida (1797) del estilo romántico del español Francisco Goya; y continúa con El ballet español (1862) del impresionismo temprano del francés Édouard Manet; Retrato de una joven recostada (1901) dibujo de austriaco Gustav Klimt; Mujer recostada (1910) obra bella y pre-Rafaelista del inglés John Maier Collier; Mujer recostada (1922) del cubismo del francés Fernand Léger; La mujer recostada (1960) grabado de madera de la norteamericana Millicent Krouse; y La mujer recostada leyendo (1960) pintura surrealista del español-francés Pablo Picasso.

_________________________________________________________

Nora Seilicovich

Nora Seilicovich nace en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Se gradúa como arquitecta en la Universidad de Buenos Aires, y cursa estudios de dibujo, pintura y grabado en los estudios de Vicente Forte, Antonio Seguí y Aída Carballo, y en la Escuela Superior de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”. Ella vive actualmente en el popular y atractivo barrio de La Boca donde tiene su estudio y taller, y donde también expone de forma permanente parte de su colección. Comparte su tiempo entre su trabajo como arquitecta y las actividades relacionadas con las artes plásticas. Desde el año 1980 realizó numerosas exposiciones y muestras, tanto individuales como colectivas, en la Argentina y en el exterior. Varias de sus obras están en manos de coleccionistas privados.

Nora Seilicovich was born in Buenos Aires, Argentina. She graduated with a degree in architecture from the University of Buenos Aires, and studied drawing, painting and print making in the workshops of Vicente Forte, Antonio Seguí y Aída Carballo, and in the “Prilidiano Pueyrredón” School of Fine Arts. She lives in the popular and attractive neighborhood of La Boca where she has her workshop and where she permanently exhibits part of her collection. She divides her time between her work as an architect and her activities related to the visual arts. Since 1980, she has had numerous shows, individual and collective in Argentina and in other countries. Some of her work can be found in private collections.

HOMENAJE A CHARLES PAPIERNIK/ HOMAGE TO CHARLES PAPIERNIK

HOMENAJE A CHARLES PAPIERNIK

(1917-2017)

Por Steve Sadow

En el momento de conocerlo en Buenos Aires en 2001, entendí inmediatamente que Charles Papiernik era la persona más merecedora de respeto y admiración que jamás había conocido. Diez y seis años más tarde no he cambiado de opinión. Hasta su muerte en 2007, Charles era energético, luchador y testarudo. También era adorable; como si poseyera un campo de fuerza que atrajera a otros hacia él. Pero era obvio que llevaba un gran cargo. Sin embargo, su sonrisa era lista and radiante. Era un verdadero “resiliente”.

Charles Papiernik era sobreviviente de cuatro años en Auschwitz y campos de concentración en Francia. Como testimonio de lo que había sufrido, escribió su autobiografía en París de 1946, muy poco después de ser liberado de Auschwitz. En este testimonio, contaba de los horrores que había observado en los campos. Su tono es muy personal. Describe a individuos que conoció, fueran prisioneros o asesinos nazi. Hablaba de “Escuela de construcción” donde él tenía que enseñar a judíos y gitanos jóvenes y cómo edificar campos de concentración nuevos. Allí, Papiernik trataba de ayudar a sus estudiantes o por lo menos extender sus vidas.

Después de la liberación, el Joint Distribution Committee lo traslado con su futura esposa Micheline a Montevideo donde vivía su hermana mayor. ¡Un año después, llegó de ser dueño de una fábrica de ropa de mujer! En los años 70, fue manager de otra empresa en Buenos Aires. Después de jubilarse a los setenta y cinco años, con su esposa Micheline, se convirtieron en portavoces de los sobrevivientes argentinos, dando testimonio sobre el Holocausto a organizaciones judías y no-judías por las ciudades y pueblos argentinos, en universidades, escuelas públicas y privadas argentinas y en el exterior.

Charles me pidió que tradujera su autobiografía. No vacilé en decirle que sí por razones personales y porque sabía que, en los Estados Unidos no tenían idea de que centenares de sobrevivientes y sus familias

vivieran en Sudamérica. Durante varias de mis visitas a Buenos Aires nos reunimos en su departamento para charlar, mientras comíamos la deliciosa cuisine judío-francesa de Micheline. Siempre me sentía muy en familia. Charles me contó de sus experiencias inimaginables y de las pesadillas espantosas que le perseguían desde los años 40.

Ilán Stavans, mi editor, me sugirió que Charles agregara una sección a la autobiografía que tratara de su vivía en el Uruguay y la Argentina después de la guerra. A Charles le encantó la idea. Con la ayuda de nuestro amigo Mario Ber, Charles que ya tenía más de ochenta años, relató de su familia, sus trabajos y su experiencia como portavoz de los sobrevivientes de la Shoá.

Titulado Unbroken: From Auschwitz a Buenos Aires (Inquebrantable: De Auschwitz a Buenos Aires), el libro fue publicado en 2004 por la University of New Mexico Press. Se vendió bien. Actualmente, 175 bibliotecas universitarias y públicas, en diez países, guardan copias del libro para que puedan leerlas sus lectores y las pidan de préstamo gente de todo el mundo.

Charles a la edad de ochenta y cuatro años, con Micheline, sus hijas Elena de Buenos Aires y Francis de Montevideo y su nieta Avital, la hija de Francis, cinco en total, volaron a Boston para participar en dos eventos que tuvieron lugar en “el Espacio Sagrado” un salón especial de Northeastern University donde yo era profesor. La primera noche, Charles disertó por más de una hora en una mezcla de español e idish. Yo le traduje al inglés para que lo entendieran los asistentes. La segunda noche, armamos un panel de la familia entera. Era necesario imponer límites a Charles para que los otros pudieran hablar sobre sus vidas como sobreviviente, hijas de sobrevivientes y nieta de sobrevivientes en Uruguay, Argentina e Israel.

Charles Papiernik tuvo una vida extraordinaria: estudiante del Talmud en Polonia, hombre joven en la Paris de los años 30, socio del Bund en Francia, una organización judío-socialista, luchador por los derechos humanos, preso en los campos de concentración nazis, dueño y manager de empresas en dos países latinoamericanos, como portavoz del Holocausto y sobre todo como esposo, padre, abuelo y bisabuelo.

Lo extraño mucho.

____________________________________________

HOMAGE TO CHARLES PAPIERNIK

(1917-2017)

By Steve Sadow

Frim the moment I met him in Buenos Aires in 2001, I understood that Charles Papiernik was the person most worthy of respect and admiration that I had ever known. Sixteen years later, I have not changed my mind.

Until his death in 2007, Charles was energetic, feisty and stubborn. He was also loveable; it was as if he possessed a force field that drew others to him. But it was obvious that he bore a great burden. Nevertheless, his smile was quick and a radiant. He was a truly “resilient person.”

Charles Papiernik was a survivor of four years in Auschwitz and concentration camps in France. As a testament to what he had suffered, he wrote his autobiography in Paris in 1946, very shortly after he was liberated. In his testament, he told of the horrors of what he had observed in the camps. His tone is quite personal. He describes the individuals he knew, be they prisoners or Nazi murderers. He spoke of the “Construction School” where he had to teach Jewish and Gypsy young men how to build new concentration camps. There, Papiernik tried to help his students or at least extend their lives.

After Liberation, the Joint Distribution Committee brought him with his future wife Micheline to Montevideo, where his elder sister lived. A year, later, he was the owner of a women’s clothing factory!  Then, in the 1970s, he became the manager of another such firm in Buenos Aires. After retiring at seventy-five, he and his wife Micheline became spokespersons for Argentine Holocaust survivors, giving testimony about the Holocaust to Jewish and non-Jewish organizations in the cities and towns of Argentina, in universities, public and private schools in Argentina and in other countries.

Charles asked me to translate his autobiography into English. I immediately agreed, for personal reasons, and because I knew that in the United States, nobody knew that there were hundreds of survivors and their families living in Latin America. During several of my visits to Buenos Aires, we met in his apartment to chat, while we ate Micheline’s delicious French-Jewish cuisine. I always felt very much at home. Charles told me about his unimaginable experiences and of the horrible dreams that pursued him since the 1940s.

Ilan Stavans, my editor, suggested to me that Charles add a section to the autobiography that dealt with his life in Uruguay and Argentina after the war. Charles was delighted by the idea. With the help of our mutual friend Mario Ber, Charles, who was by then over eighty years old, related stories about his family, his work and his experiences as a spokesperson for Holocaust survivors.

Entitled Unbroken: From Auschwitz a Buenos Aires (Inquebrantable: De Auschwitz a Buenos Aires,) the autobiography was published by the University of New Mexico Press in 2004. It sold well. Currently, 175 university and public libraries, in ten countries, hold copies that are available to their readers and through inter-library loan to people world-wide.

When he was eighty-four years old, Charles, along with Micheline, their daughters Elena and Francis, and their granddaughter Avital, Francis’ daughter, five in all, flew to Boston to participate in two events that took place in the “Sacred Space,” a special room at Northeastern University, where I was a professor. The first night, Charles lectured in a mixture of Spanish and Yiddish. I interpreted his words into English so the attendees could understand. The second night, we put together a panel of the entire family. It was necessary to put limits on Charles, so that the others had time to speak about their lives as a survivor, daughters of survivors and a granddaughter of survivors in Uruguay, Argentina and Israel.

Charles Papiernik had an extraordinary life: as a student of the Talmud in Poland, a young man in the Paris of the 1930s, a member of the Bund, the Jewish-Socialist organization, fighter for human rights, inmate in Nazi concentration camps, owner and manager of businesses in two Latin American countries, and a spokesperson for Holocaust survivors, and above all as a husband, father, grandfather and great-grandfather.

I miss him greatly.

thumbnail_4.jpg

 

MAIMÓNIDES: EL PROFETA COMO LIDER DEL ESTADO Por Pablo Freinkel/ MAIMONIDES: THE PROPHET AS LEADER OF THE THE STATE By Pablo Freinkel

Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina, 1957). Licenciado en Bioquímica. Periodista y escritor. Sus artículos y notas se han dado a conocer en Buenos Aires, New York y Jerusalem; y en medios online nacionales y extranjeros. Es autor de cuatro libros: Diccionario Biográfico Bahiense, el ensayo Metafísica y Holocausto, y las novelas El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés y Los destinos sagrados. Escribió el guion del documental Matthias Sindelar: un gol por la vida. Ha dictado conferencias sobre Spinoza, Maimónides y literatura judía argentina actual, en diferentes instituciones del país. Actualmente, ha concluido la novela La casa de Caín y se encuentra en redacción El lector de Spinoza.

_________________________________________________________________________________

Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina,) who has a degree in biochemistry. He is a journalist and writer. His articles and notes have been published in Buenos Aires, New York and Jerusalem, in Argentine and international online media. Freinkel is the author of four books: Diccionario Biográfico Bahiense, Metafísica y Holocausto, and the novel El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés and Los destinos sagrados. He wrote the script for Matthias Sindelar: un gol por la vida. He has lectured on Spinoza, Maimonides and on contemporary Argentine-Jewish literature throughout Argentina. Recently, Freinkel completed La casa de Caín and his El lector de Spinoza is in press.

_____________________________________________

MAIMÓNIDES: EL PROFETA COMO LIDER DEL ESTADO

Por Pablo Freinkel

En el pensamiento de Maimónides (Moisés ben Maimón, 1135-1204), el nacimiento de {la organización estatal} se debe exclusivamente a la voluntad de Dios. En su monumental Guía de perplejos (9) (GP), el sabio andaluz distingue cinco facultades en el alma; la quinta es la intelectual o racional, que es propia del hombre y le permite vivir y convivir con sus semejantes. Fuera de la sociedad, es inconcebible la existencia del individuo; el hombre perece. La vida social le proporciona inclusive su bienestar físico (GP. 3,27). Todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con sus semejantes. Si una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. El objetivo final del hombre es obtener las más altas facultades intelectivas y las nociones que lo llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios, que es haber alcanzado su perfección; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre sabio, esto es, el varón de buenos principios morales (GP. 3, 54). De esta manera, la ética de Maimónides se apoya en el elemento social, que da lugar a la política, es decir, al gobierno. Aquí, el autor de Mishné Torá, sigue a Aristóteles que en su tratado sobre la Política asegura que los hombres son por su naturaleza unos más aptos para mandar que otros y coloca en la cima de esa clasificación a los sabios (entre ellos, los filósofos) (10). Moshé ben Maimón entiende que ese sitial le corresponde al profeta. El modelo a seguir es Moisés por sus cualidades superlativas al dirigir el éxodo de los israelitas de Egipto, por quien el ensayista manifiesta su admiración. (GP. 2, 33, 35 y 39) ¿Cuál es el razonamiento que realiza? El hombre llega a su perfección cuando ha alcanzado el conocimiento de Dios y sus obras por vía de indagación intelectual; una vez llegado a este nivel, empieza a consagrarse a Él, robusteciendo la Inteligencia que es lo que nos une al Ser Supremo. Se trata de la síntesis entre razón y fe, filosofía y Torá, así puede comunicarse directamente con Dios y alcanzar la categoría de iluminado. A pesar de tener la capacidad de profetizar, una persona no adviene realmente profeta ya que hay que contar con la voluntad de Dios (GP. 3, 51). Además de las facultades morales y racionales, el espíritu profético debe darse en un hombre sabio, fuerte para dominar sus instintos y rico en conocimiento (GP. 2, 32; Carta a los judíos del Yemen, 46) (11). Estas son las características con que debería contar quien gobierne la sociedad. Cabe entonces preguntarse por qué no es suficiente con la fe en el Ser Supremo para conseguir las dotes de la profecía. Maimónides propone conocer los principios filosóficos para refutarlos con presteza cuando entren en colisión con los principios religiosos. Por ejemplo, en la Introducción del Libro Dos de la Guía de Perplejos anota puntillosamente las veintiséis proposiciones del griego con las cuales está de acuerdo, excepto la que habla de la eternidad del Universo. En páginas sucesivas, explica la manera en que adopta la doctrina aristotélica y sus coincidencias con la Escritura (GP. 2, 3 y 5). Por otra parte, entre los capítulos trece y treinta de la misma parte discute las diferentes teorías acerca del principio del Universo, teniendo a Aristóteles como eje central de su crítica (12). En consecuencia, resulta evidente que la concepción ética de Maimónides y, por consiguiente, el sistema político que de ella deriva está delimitado por un fuerte idealismo que lo hace atractivo aunque potencialmente de difícil sino de imposible cumplimiento, porque exige un componente religioso y metafísico que no todos los integrantes de la comunidad a la que va dirigido están dispuestos a aceptar. Algunos renglones más arriba, expresé que el autor de los Aforismos médicos tiene una relación amplia y dinámica con Aristóteles no sólo en lo que se refiere a sus reflexiones metafísicas, sino que también se sostiene en su elección de personas con atributos morales, intelectuales y capacidades de mando extraordinarias destinadas a ejercer el gobierno de una colectividad de hombres y mujeres con intereses, conductas y costumbres heterogéneos. Sin embargo, al elegir a Moisés como el modelo de líder, acota su actuación al tiempo –ciertamente prolongado- en que los israelitas erraron por el desierto, tarea que por supuesto le demandó un esfuerzo titánico.

———————————————————————————-

MAIMONIDES: THE PROPHET AS LEADER OF THE THE STATE

By Pablo Freinkel

For Maimónides (Moses ben Maimon, 1135-1204), the birth of a political organization is exclusively dependent on the will of God. In his monumental Guide of the Perplexed, the Andalusian wise man distinguishes five faculties in the soul: the fifth being the intellectual or rational faculty, that belongs to man and permits him to live with and get along with others. Outside of society, the existence of the individual is inconceivable; man would perish. Social life provides even physical well-being (GP, 3:27.)

All moral principles concern man’s relationship with and treatment of others. If a person were alone, without having to deal with any other, moral principles would be unnecessary and would not add any improvement. Man’s most important objective is to obtain the highest intellectual development and the concepts that allow him to have metaphysical ideas about God, that is, to have reached perfection; this brings him immortality. For having done this, he is called a wise man, that is, a man of high moral principles. (GP, 3:54.) In this fashion, Maimonides’ ethics is based on the concept that the social element that leads to the political, that is, the government. Here, the author of the Mishne Torah, follows Aristotle, who in his treatise Politics argues that some men are by nature more capable than others for leadership; he puts wise men, among them, philosophers at the top of this classification (10.) For Moses ben Maimon, this role is that of the prophet. The model to be followed is Moses, for his superlative qualities in leading the exodus of the Israelites from Egypt. (GP. 2, 33, 35 y 39) What is his reasoning?  Man reaches perfection when he has gained knowledge of God and his works by intellectual inquiry. Once having achieved this level, he begins to consecrate himself to God, strengthening the intelligence factor that unites him to the Eternal Being. It is a synthesis between reason, faith, philosophy and Torah, so that man can communicate directly with God and reach the level of being enlightened.  Despite having the ability to do prophesy, a person doesn’t really become a prophet on his own, since that depends on God’s will (GP. 3, 51).

In addition to the moral and rational faculties, the prophetic spirit, the prophetic spirit must be found in a wise man, who is strong enough to control his instincts and rich in knowledge (GP, 2:32, Letter to the Jews of Yemen, 46).

These are the characteristic that one who governs a society must have. Why then, it is not sufficient to have faith in the Supreme Being to obtain the gifts of prophesy? Maimonides insists that it is necessary to know philosophical principles in order to be able to refute them with alacrity, when they collide with religious principles. For example, in the Introduction to The Guide for the Perplexed, he carefully outlines the twenty-six propositions set out by Aristotle, with the exception of the one that speaks of the eternity of the Universe. He then explains the way in which he adopts Aristotelian doctrine and its coincidences with the Holy Scripture. (GP. 2, 3 y 5).

Elsewhere in that text, Maimonides discusses the different theories about the origin of the Universe, placing Aristotle in the center of his critique. Consequently, it the political system derived from this analysis is delimited by a fierce idealism that makes it attractive, though potentially difficult if not impossible to achieve, because he demands a religious and metaphysical component that not all of the members of the community to which it is directed are willing to accept.

Maimonides, the author of the Medical Aphorisms, has a broad and dynamic relationship with Aristotle’s work, not only in that which has to do with his metaphysical reflections, but also that it upholds the Greek’s contention that people with extraordinary moral and intellectual attributes and the capacity to lead are destined to govern a community of men and women with heterogeneous interests, conduct and customs. Nevertheless, by choosing Moses as his model leader, he narrows down its occurrence to the time—clearly quite prolonged—in which the Israelites wandered in the desert, a task that demanded from him a titanic effort.

Translation by Steve Sadow

Una obra de arte inspirada por un poema de su madre/An artwork inspired by a poem by her mother

Artist’s Books

SOY DE LA TRIBU DE YEHUDÁ

Soy de la tribu de Yehudá

La de mis abuelos y bisabuelos.

La de Salomón, de Jesús y Einstein.

Por no citar a Freud,

cuyo valioso secreto cabalístico

saltó a la silla del terapeuta.

No perdono los miles de holocaustos

que en nombre de fementidas verdades

se urdieron contra mi pueblo,

contra otros pueblos antiquísimos,

más sabios que la ley del blanco.

Me horroriza el hombre integrado

a religiosas guerras.

Que somos uno en la inmensa nave

madre tierra, que nos transporta

a ilimitadas dimensiones.

Que todos respiramos un mismo destino.

Soy universal. Simplemente una mujer

que se atreve a soñar con una hermandad

de almas y de alas.

Precisamente por mi origen,

comprendo bien la tristeza de otros

venidos a menos por color o ángulo de los ojos.

¡Que venga la era del hombre,

maravilloso ser que puebla la existencia!

En él veo único, irrepetible,

mi orgullo de ser mujer.

También amo al animal y a las plantas

que vivan mis soledades.

Soy judía. Tersa hasta la caricia.

Amorosa hasta el éxtasis.

__________________________________________________________________

I AM OF THE TRIBE OF JUDAH

I am of the tribe of Judah.

That of my grandparents and great-grandparents.

That of Solomon, of Jesus and Einstein.

Not to mention Freud

whose valuable Kabalistic secret

leaped to the therapist’s chair.

I don’t forgive the thousands of Holocausts

that in the name of false truths

were devised against my people,

against other extremely old peoples.

wiser than the law of the powerful.

I am horrified by he man who takes part in religious wars.

That we are one in the immense ship

Mother Earth, that transports to

unlimited dimensions.

That we all breathe a like destiny.

I am universal.  Simply a woman

who dares to dream of a brotherhood

of souls and of wings.

Precisely because of my origin,

I well understand the sadness of others

brought down by color or angle of eyes.

Let the era of man come,

marvelous being who populates existence!

In him, I see as unique, unrepeatable,

my pride of being a woman.

I also love the animal and the plants

that live my solitudes.

I am Jewish.  Smooth up to the caress.

Loving up to the ecstasy.

English translation by J. Kates and Stephen A. Sadow

 

Rosa (Rosita) Kalina de Piszk (1932-2005) nació en San José de Costa Rica. Recibió su licenciatura en literatura inglesa en la Universidad de Costa Rica. Kalina publicó ficción en los suplementos literarios de La Nación, un periódico de San José. A menudo, coloboró con Herencia Judía, revista de Bogotá, Colombia. En 1988 le fue otorgado el “Premio Nacional ed Poesía” por su Los signos del tiempo. Sus poemarios incluyen Detrás de las palabras (1983), Cruz de niebla (1987) y Mi paz guerrera (1998).

Rosa (Rosita) Kalina de Piszk (1932-2005) was born in San José, Costa Rica. She received he bachelors degree in English Literature from the University of Costa Rica. Kalina published fiction in the literary supplements of La Nación, a San José newspaper. Often, she wrote for Herencia Judía, a Jewish magazine from Bogotá, Colombia. En 1988, she was awarded the “National Poetry Prize” for her Los signos del tiempo. Her poetry collections include Detrás de las palabras (1983), Cruz de niebla (1987) y Mi paz guerrera (1998).

______________________________________________

Ileana Kalina de Piszk es artista visual especializada en técnica acrílica y escultura en cerámica. Es directora de la Asociación Costarricense de Artistas Visuales. Licenciada en sociología y pscicología, estudió en la facultad de Bellas Artes en la Universidad de la Universidad de Costa Rica y en talleres privados. La artista es reconocida a través de sus exposiciones colectivos e individuales a nivel nacional e internacional. la expresión espontánea predomina en su obra,

Iliana Piszk es la hija de Rosita Kalina.

Ileana Kalina de Piszk is a visual artist specializing in acrylic techniques and ceramic sculpture. She served as the director of the Costa Rican Association of Visual Artists. She received he bachelors degree in Sociology and Psychology and studied in the School of Fine Arts of the University Costa Rica and in private studios. Piszk is known through her individual and collective shows at both the national and international levels.  In her art, spontaneous expression predominates.

Iliana Piszk is the daughter of  Rosita Kalina.

 

ILEANA PISZK KALINA-p1c0kc60ki1s4fro4m0cle014is

“Hechizo Sefaradí” por Carlos Szwarcer/ “Sephardic Charm” by Carlos Szwarcer

Carlos Szwarzer es historiador, periodista y cuentista judío-argentino. Es especialista en la historia de los sefardíes en la Argentina y ha coleccionado muchos testimonios orales de la gente vieja sefardí de los barrios de Buenos Aires.

Carlos Szwarcer is a Jewish-Argentine historian, journalist and short-story writer. He is a specialist in the history of Sephardic Jews of Argentina, and he has collected many oral testimonies from older people in Sephardic neighborhoods of Buenos Aires.

_______________________________________________________________________

HECHIZO SEFARADÍ

José tiene más de 80 años. Nació en  Villa Crespo, Buenos Aires. Su niñez estuvo estrechamente ligada a la calle Gurruchaga al 400 y sus cercanías; creció en “el medio de la Yudría”, sector del barrio en el que se concentraban los sefaradíes de habla judeo-española. El lugar tenía características muy especiales que sobresalían aún dentro del universo multicolor de Villa Crespo, donde los ashkenazíes (1) eran inmensa mayoría entre los judíos. Todos ellos coexistían con españoles, italianos, musulmanes, griegos, armenios, etc., pero desde las primeras décadas del siglo XX, Gurruchaga, ubicada entre Corrientes – por entonces llamada Triunvirato – y Camargo,  fue una típica callejuela de Izmir (Esmirna).

En verdad, José, apodado “Pepe”, no era sefaradí… pero lo parecía; era descendiente de una de las tantas familias de origen español de los inquilinatos donde convivían entremezcladas parentelas de distintas etnias, humildes y trabajadoras. La mayoría de los amigos de Pepe eran “turcos sefardíes”  y  conocía a la perfección sus costumbres, a tal punto que, se podría decir, era uno de ellos. Si hasta iba con aquella “barrita sefaradí”, a la tardecita, al templo de Camargo al 800 para  ganarse unas monedas de propina  ayudando a distribuir las kipás (2) a los varones que ingresaban  a orar.

Los años 30 del siglo pasado fueron difíciles, aunque dentro de una coyuntura de crisis, generalmente las familias se conformaban con poco. Los testimonios tienden a recordar lo cotidiano desde aspectos muchas veces presentados bajo un barniz de felicidad, producto de un tiempo que parece haber sido disfrutado con pequeñas cosas y aún las dificultades, derivadas de una incómoda situación económica, hoy son expresadas desde el humor o rememorando picardías o travesuras.

Pepe cuenta que su “hermano trabajaba en la pollería de la calle Gurruchaga, pelaba pollos y mi mamá me mandaba a comprar allá. Los huevos rotos los vendían más baratos y yo iba con una “lechera” y le decía a Gallizy – el dueño del local – ‘Hola, don Juan, dice mi mamá si me puede dar una docena de huevos rotos’. Y él me contestaba ‘Sí, claro, anda, decíle al Cholo’. Y yo le decía a mi hermano, que se iba al fondo, agarraba los huevos sanos, los golpeaba y los tiraba a la lechera, pero en vez de 12 tiraba como 50 huevos y cuando salía yo le decía ‘Dice mi hermano que ya está don Juan’. “A ver, qué te voy a cobrar si están todos rotos’ y no me cobraba nada”.  Con el rostro encendido y nostálgico por el recuerdo de esa artimaña Don Pepe continúa: “Y mi mamá pisaba todo, con cáscara y los colaba y hacía una masita que le enseñaron los turcos (sefardíes), que le llamaban “pan esponjado”, pan de España, después con lo que le quedaba le agregaba un poco de harina y estiraba la masa con una cuchara y se hacía como un huevo frito y hacía unas masitas: ‘Mulupitas’ y llevaba la fuente a la panadería para que se la hornearan. Aprendimos de los turcos… comíamos a cuturadas.” (3).  Ríe a carcajadas.

Asegura conocer muchos temas que cantaban los turcos y hurgando en su memoria, en tanto se humedecen sus ojos claros, alcanza a revivir con cierta dificultad, pero mucha alegría, algunos fragmentos: Ay! Yo me la llevé / abajo del puente / cuántos cuentos le conté / ni me lavo ni me peino / ni te pongas la mantilla / hasta que venga mi novio de la guerra de Sevilla. ¡Y Pepe sigue entonando Ay! Sí, ven Pupula ven / Pupula ven no te desbragues / que aquí nos pueden ver / toma por aquí toma por allí…” 

Claro que fue tanto el contacto con el mundo sefardí que se vio embelekado; las comidas, el cancionero, los refranes: “Mucho i bueno ke te de el Dió”, “Kamino de leche i miel ke se te haga” y, sobre todo,“la “grazia de sus muyeres”, hicieron  que se enamorara de la hija de un operario  del templo sefaradí de la vuelta. La familia de la novia solamente le pidió que no se casaran por iglesia y les deseó “parida de hiyos”. 

Sorprende escuchar en este criollo de apellido vasco, la perfecta cadencia y entonación de sus palabras en dyudesmo, tan cuidadosa y gratamente elegidas del baúl donde se guardan las vivencias más queridas, mientras se ilumina una vez más su rostro, como quién de pronto encontró un lugar y un tiempo en el que comenzó su felicidad.

Este testimonio, que es parte de la historia de una familia común de Villa Crespo, es reflejo de la convivencia e integración en un ámbito de diversidad cultural, donde el mundo sefardí, como observamos, fue y sigue siendo una fuente de hechizo y seducción, muchas veces irresistible.

Notas

  1. Judíos de habla idish. 2.
  2. Pequeño sombrero para cubrir la cabeza durante las ceremonias en el templo.
  3. En mucha cantidad.

__________________________________________________________________

Sephardic Spell

José is more than eighty years old. He was born in Villa Crespo, a neighborhood of Buenos Aires. His childhood was tightly linked to 400 block or Gurruchaga Street and the area nearby; he grew up in “amidst the Yudería,” the part of the area inhabited by Sephardic Jews who spoke Ladino. José had unique characteristic that stood out even within the multicolor universe of Villa Crespo, where the Yiddish-speaking Ashkenazi Jews were by far the majority of the Jewish community. All these Jews co-exited with Spaniards, Italians, Muslims, Greeks, Armenians and others. However, from the early decades of the twentieth century, Gurruchaga was a typical side street of Smyrna, Turkey.

In fact, José, nicknamed “Pepe” wasn’t a Sephardic Jew, but he looked like one. He was the descendant of one of so many tenants of Spanish origin, who lived mixed in with hardworking and modest family members from distinct ethnic groups. The majority of Pepe’s friends were” Sephardic Turks” and he knew their costumes perfectly, to the point that, you could say he was one of them. He even went to the temple on Camargo Street, in the early evening, to earn tips for helping distribute skullcaps to the men coming in to pray.

The thirties were difficult, though even during a crisis situation, the families, in general, made do with the little they had. Stories about those times tend to portray daily life with a veneer of happiness, product of a time that that seems to have been enjoyed with little things, and even the difficulties, derived from an uncomfortable economic situation, are today remembered with humor or by remembering mischief and pranks.

Pepe recalls that “his brother worked in the poultry shop on Guchurraga Street, plucking chickens, and my mother sent me to buy there. Broken eggs would be sold cheaper, and I would go there with a “milk can,” and I said to Galizy, the owner of the shop. “Hello, don Juan, my mother wants to know if can give me a dozen broken eggs.” And he answered me, “Yes, of course, go on, tell Cholo.” And I told my brother, who went to the back, grabbed unbroken eggs, broke them and threw then into the milk pail, but instead of 12 he threw in about 50. And when I came out, I said, “My brother says, that here they are.”  With his face reddening and nostalgic for that ruse, don Pepe continued, “And my mother stepped on all of them, shells and all and strained them and make pastries in the way the Turks (Sephardic Jews) had taught her. They were called “esponyada,” Spanish bread. Then, with what was left over, she added a bit of flour and stirred the dough with a spoon formed it as if it were a fried egg, and make pastries called “Mulupitas.” She carried the platter to the pastry shop, for them to be baked. We learned from the Turks,. and we ate a lot.” He guffawed.

He claims to know many tunes that the Turks used to sing, and delving into his memory, his light eyes became moist, he began to relive, with some difficulty, but a lot of pleasure, some fragments: Ay! Yo me la llevé / abajo del puente / cuántos cuentos le conté / ni me lavo ni me peino / ni te pongas la mantilla / hasta que venga mi novio de la guerra de Sevilla. Y Pepe sigue entonando: Ay! Sí, ven Pupula ven / Pupula, ven no te desbragues/que aquí nos pueden ver / toma por aquí toma por allí…”(Ay, I brought her/under the bridge… I told her so many stories… I won’t wash, I won’t comb my hair… don’t put on the mantilla/until my boyfriend comes from Seville.) And Pepe went on singing, “Sí, ven Pupula ven / Pupula ven no te desbragues / que aquí nos pueden ver/ toma por aquí toma por allí…” (“Yes, come, Pupiua, come Pupula, come, don’t get undressed/They can see us here/ drink here here/drink from from there… “).

Certainly, he had so much contact with the Sephardic Jews that he found himself fascinated by it; the meals, the songbook, the proverbs: Mucho i bueno ke te de el Dió”,( That God give you much and good;” Kamino de leche i miel ke se te haga” Let you be given a path of milk and honey:” and above all, la “grazie de sus muyeres”, “the grace of the women” cause him to fall in love with the daughter of a worker in the Sephardic temple around the corner. The bride’s parents asked him only that they woundn’t marry in the church and wished for them thec“parida de hiyos” “the birth of children.”

It is surprising to hear in this native-born Argentine with a Basque surname, the perfect cadence and intonation of dyudesmo (Ladino,) so carefully and pleasingly chosen from the trunk where the dearest experiences are kept, while his face was once more illuminated, as with someone who suddenly found a place and time in which his happiness began.

This testimonial, that is part of the history of an average family in Villa Crespo, is the reflection of the living together and integration in a social environment, where the Sephardi world, as we have observed was and continues to be a source of enchantment and seduction, so many times irresistible.

Translated by Steve Sadow

 

 

S.T.O.P

STOP 2018 Participant Flyer

The S.T.OP. program teaches middle school students, in the Shrewsbury, Mass. area, how to respond to prejudice and bullying. The classes take place in Jewish, Muslim, Protestant, Hindu and Catholic houses of worship as well as the Shrewsbury, Massachusetts Public Library.

Badiaa Begag, Sabina Terredes, Veronique Orcel and I are the directors of the 2018 program.

_________

El programa  S.T.OP. enseña a estudiantes de 11 a 13 años cómo responder al prejuicio y al bullying. Las clases tienen lugar en casas de Dios judíos, musulmanes, protestantes, católicos e hindúes y la Biblioteca Pública de Shewsbury, Massachusetts.

Badiaa Begag, Sabina Terredes, Veronique Orcel y yo somos los directores del programa de 2018.

 

20170302_184333.jpg
Chatting with the organist at Trinity Congregational Church, Northborough, Massachusetts, 2017 Charlando con el organista en Trinity Congregational Church, Northborough, Massachusetts, 2017

U

IMG_1029.JPG
A class at the Worcester Islamic Center, Worcester, Massachusetts, 2017.                                         Una clase en el Centro Islámico de Worcester, Worcester, Massachusetts, 2017.

STOP 2016-3Title.jpg

A “hands-on” activity. Una actividad “práctica”.